Aftersun. Prestidigitación ante la falta de verdad.

«Lo que es interesante solo para uno mismo, no lo es para los demás. Es la base de la literatura. «

Paul Vàlery

De nuevo, van muchas ya, nos encontramos con una película que relata las idas y venidas de su autor. Tal como han sido, sin ninguna gracia, nada que adorne la burda realidad. La realidad hay que abordarla, no dejar que pase frente a nuestros ojos y colocarla según una lógica propia basada en nuestra experiencia. Es una masa que debemos azuzar hasta que exude sinceridad. Aftersun está envuelta en un artificio mentiroso que encumbra momentos cualesquiera en una narración cuya interioridad solo comprende del todo quien la ha diseñado. Prestidigitación barata en una obra sin contenido. No hay descubrimiento en ningún lugar, solo la certeza de una persona que cree estar ante un hallazgo.

La narración encuentra leves atisbos manieristas para disfrazar la trama insustancial con diversos recursos de un lenguaje, de nuevo, artificioso. Todo ello para terminar abandonándose a la emoción más ridícula, sin pretexto ni verdad. El recuerdo parece ser el engranaje de la película, pero su desenvoltura es bastante pobre. La obra queda reducida a una fábula sin gracia movida por un montaje efectista que buscar esconder la falta de sustancia a través de una puesta en escena que se detiene continuamente para hallar la verdad, sin suerte, en algunos de sus planos, repetida e insistententemente. El efecto en sí parece estar bien construido, los de la fila de atrás lloraban, quizás por la película o porque el Atlético de Madrid fue eliminado de la Copa del Rey durante la proyección.

Pedro Fuertes


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