Grand marin.

Creo que esta es una de las pocas películas que se ha presentado en el festival que tiene una clara conciencia de la relación entre representación y trama. Entre una marabunta de películas conformadas a base de planos-contraplanos (siempre cámara en mano, acompañados de un plano general al final de la escena para sumar un dramatismo que no existiría de otra forma), música de sintetizador para destruir al silencio y una cámara nerviosa siempre situada a escasos centímetros del personaje, Grand marin, es una obra preocupada de sus imágenes y sumergida en la permanente búsqueda de la significación, y ocasionalmente de la poesía. 

Especifico que me refiero a trama para hablar de su relación con el dispositivo cinematográfico y no a guión, puesto que la película si tiene uno de los males que asolan al cine de festival; guiones inconclusos. Carentes de un tercer acto sólido, que se limita a deambular por las ruinas de los dos anteriores, reiterando las ideas previas y tratando de sumar alguna nueva, esto último ciertamente conseguido en la obra. 

En general, podríamos decir que es una película con una docena de imágenes poderosas que tratan de sumar contenido a la carencia de su escritura. No es un problema de diálogos o acercamiento a los personajes, más bien, sucede que hay una suma de imágenes previamente dispuestas, que articulan la película y mueven el trabajo de Dinara Drukarova, su directora, hacia un destino predispuesto pero sin una brújula que indique la procedencia de la historia con más rigidez. Entonces, tampoco se puede decir que la película tenga un problema de sutileza, pues trata de alcanzar continuamente la superficie. Quizás, la falta definitiva sea que mientras un buen número de películas del Festival parten de una escritura sin revisión hacia un final sin conclusión, un camino, por cierto, donde el montaje nada tiene que añadir, Grand Marin, quiere recorrer cada una de sus fases con la pausa necesaria, consciente de todas sus herramientas, y a veces su problema es, que se ha detenido con demasiado cuidado donde no debería y queda como el barco donde desea vivir Lilli, sin rumbo en búsqueda de su sustento.

Pedro Fuertes


Publicado

en

por

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *