Sobre Confindencias (1974) dir. Luchino Visconti

Habían pasado pocos meses desde que Luchino Visconti viera a la muerte frente a su cama cuando empezó el rodaje de Confidencias. Se trata sin duda de la obra más sincera del director italiano, precisamente por la similitud que existe entre las vivencias del personaje de Burt Lancaster con la experiencia de Visconti.

La película es un ensayo escrito sin levantar la pluma del papel, un cúmulo de soledad, tristeza y vejez, que convertidas en un único rubí alumbran tenuemente el yermo paisaje de los primeros instantes de una vida que está por acabar. La nostalgia de los días que están por venir, un sentimiento idéntico hacia el pasado y el futuro, ambos con un retrato similar y de cuyo interior solo emanan imágenes, de forma ocasional, entre las lecturas de Burt Lancaster. El profesor logra percibir durante unos breves instantes la presencia de una existencia que le conmueve y desprecia, exhalando momentáneamente el aroma de una vida por consumar, olvidando la piedra que presiona sus hombros y le invita a tumbarse en la cama.

Para el profesor, los líos con los burgueses de la planta de arriba no tienen ningún signo de revelación pero esa falta de importancia le alerta de que quizás ese sea el punto más bajo, la imposibilidad de una experiencia transformadora, el camino rectilíneo hacia el que se dirige con desgana y aceptación. Por unos meses, la vida de un hombre recluido de los hombres vuelve a la existencia a través de una comedia representada por la clase alta, tan alejada de la realidad como el mismo, pero tratando de mostrar en sus ademanes la misma humanidad que tenían aquellos hombres que el profesor rechazó años atrás. Quizás ese sea el pecado de Visconti, no cortar la película cuando la comedia concluye y prorrogar el envite con los someros discursos proletarios que pierden por momentos a la obra de un director excepcional. Pero deja representada en en su doble efigie, un retrato de la soledad, del que mira, cuyo único deseo es permanecer hasta el final de la obra, un amor del castigado hacia los que están por hacerse.

Pedro Fuertes


Publicado

en

por

Etiquetas:

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *