Alcaparras y los vídeos del abuelo

Hace ya algún tiempo que el cine español ha tomado la vía fácil, ese desvío al principio del largo camino que supone hacer una película y que implica, además de ser consecuente con lo que se narra, ser al menos, cinematográfico. Un desvío que elimina la tortuosa labor asociada a la creación para limitarse a rodar mal y pronto, pero rodar, afanado por contar aquello que solo importa al que lo crea y cuyo tacto (sin hablar de talento) para contar su historia es completamente inexistente. Propuestas vagas, sin sustancia, películas que apenas son cortos, un hastío que parece no tener fin. Dispositivos cinematográficos importados de otros países e impostados sin sentido en el nuestro, sin tener en cuenta que lleva a cada director a obrar de la forma en la que lo hace. Alcarrás es una compilación de vídeos de familia, sin composición, orden, significado y lo peor de todo, sin intervención.

El cine es la vida, una afirmación incontestable y una cualidad intrínseca de este arte que maravilló hace más de cien años al poeta Vachel Lindsay. Pero no puede presentar la realidad de un modo tan burdo, omitir la representación es un error, escribir usando solo vocales, no se le ocurriría a un niño. Convertido en un arte sin valentía ni coraje para hacer lo que se debe, crear por crear. El cine transforma la realidad material a través de una actitud estética y le otorga valores figurativos, afectivos y significantes. La mirada del artista debe ser, como decía Barthes, de asombro y admiración, si esta película demuestra algún tipo de admiración, prefiero no vivir en ese mundo.

Este experimento nacido en algún pérfido laboratorio catalán es otra muestra de la vagancia de una paniaguada, elegida como intelectual por la logia que gobierna el cine que nadie ve. Los espectadores de este género disgenésico están caracterizados por la extrema sumisión hacia un culto pagano que trata de explicarle con metafísica circense el horror que se muestra ante sus ojos, otorgando profundidad a un trozo de corcho. Solo podemos esperar que el tiempo transcurra y que en las grietas de la historia no quede espacio para esta farsa.

Acton, Currer y Ellis


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