Sobre la trilogía de Apu

“Yo también soñaba con las cosas que podría hacer”

Las tres obras de Satyajit Ray que conforman la trilogía de Apu, son una obra maestra del neorrealismo indio, que nos deleita con un expresivo viaje lleno de metáforas, belleza, poesía y maestría de la técnica. 

Desde el comienzo del primer film, Pather Panchali (1955), Ray nos introduce en una nueva atmósfera en la cual, gracias a su estilo lírico, sutil y austero se muestra capaz de seducirnos con su habilidad para rodar exteriores.

Aproximadamente tres minutos después del inicio de la película aparece, en primer término, una mujer que tiende la ropa, esta mujer juega un interesante papel, el de mediadora, en la magistral introducción de personajes de Ray. Segundos antes, había sorprendido a Durga, hermana de Apu, robando sus frutas.

Ahora, comenta el hurto con una vecina de la que aprendemos que la niña es hija de “Harihar”. Cuando la mediadora se aproxima al borde de la azotea, la cámara hace una panorámica para acompañarla y siguiendo la dirección de su mirada, nos lleva hasta un patio en el cual descubrimos a una mujer sacando agua de un pozo. Nos basta con este plano para saber qué se trata de Harihar. Una ejemplar introducción de personajes.

Altiva y hostil, la mediadora también se encuentra en una posición elevada con respecto a Harihar (ya que está en la azotea), actitud que mantendrá durante el resto del film. 

Por el contrario, Harihar se muestra expuesta, al descubierto en el centro del patio.

Se dice que en el primer día de rodaje, Satyajit Ray no había dirigido ninguna escena en su vida, su cinematógrafo nunca había fotografiado una y ninguno de los niños que protagonizan el film, habían aparecido siquiera en un ‘screen test’. 

El rodaje se extendió hasta alrededor de unos 2 años, existía el riesgo constante de que la actriz que encarnaba a la icónica anciana falleciese, que “Apu” creciese demasiado o le cambiase la voz… 

Teniendo esto en cuenta, el resultado final del film es una maravilla inimaginable.

El tema principal del film es la lucha de una familia por salir adelante. Un drama lleno de alegría que por lo tanto se podría considerar reflejo de la existencia humana.

Anteriormente mencionamos la perspicaz introducción de los personajes de Durga y su madre, sin embargo, un poco más adelante en el film, Apu (protagonista de las tres entregas) recibe otra soberbia introducción.

Su hermana, Durga, le intenta despertar por la mañana, mientras él tiene una manta alrededor de su cuerpo y rostro, lo primero que vemos es su ojo abrirse acompañado por música energética y un pequeño montaje. Un momento sumamente cinemático.

Esta escena permanecerá además en línea con el resto del film dado que Ray utilizará ojos y miradas de una manera única como un medio vital durante el mismo.

La cinematografía del film alcanza radiantes niveles de hermosura y magnificencia como si se tratara de alguien pintando la película en un lienzo de luces y sombras.

Alcanza unos niveles de expresionismo inimaginables con un insólito uso de la profundidad de campo.

El uso del espacio es peculiarmente palpable, todo se presenta organizado en cada fotograma. Esto aporta una exorbitante cantidad de planos perfectos a través de ventanas o incluso grietas en paredes.

Satyajit Ray deja el paisaje envolver la película llegando este a convertirse en un personaje más, creando el mundo de Apu y su familia. Esto aporta un mayor entendimiento de su hogar y la vida que les rodea. Esta hazaña es lograda gracias a la manera poética y naturalista de rodar de Ray. El film está lleno de detalles que ayudan a construir este mundo y dotarlo de un envidiable nivel de realismo. 

Ray encuentra belleza en cada aspecto de la vida. Humanos y animales, días y noches, sol y lluvia, salud y enfermedad, juventud y adultez, vida y muerte.

Rodando escenas que nos podrían recordar a un film de Yasujiro Ozu, Ray lo hace de manera íntegramente distinta. Mientras que Ozu pone la cámara a la altura de sus personajes, Satyajit Ray elige un picado que aporta dramatismo.

Uno de los pilares de Pather Panchali es su música compuesta por Ravi Shankar, uno de los más célebres músicos de la India. Shankar popularizó el uso de instrumentos musicales tradicionales indios en la música popular de occidente durante los años 50. Llegando a actuar en giras mundiales e incluso a trabajar con los Beatles.

La banda sonora del film, se compuso durante una única sesión de 11 horas y el resultado es simplemente magnífico. 

Antes de finalizar con el primer film de la trilogía debemos resaltar la conmovedora actuación del personaje que encarna la anciana. Sin olvidarnos tampoco de la brillante escena en la que Apu observa como su hermana es castigada tras el hurto que comete. Uno de los muchos momentos icónicos de este envidiable debut cinematográfico.

Pather Panchali es una obra maestra hecha por un maestro, una obra de arte de un artista, hermosa, emocionante y llena de vida.

Fue tan solo un año después, cuando se rodó la segunda entrega de la trilogía, Aparajito (1956). Ray no tenía pensado hacerlo pero tras el éxito de Pather Panchali decidió continuar la narrativa de Apu justo donde nos dejó.

Para este film, El director de fotografía de Ray, inventó el uso del reflector parabólico para reflejar la luz. Una técnica común en fotografía desde entonces.

La traducción del título (Aparajito) al castellano sería “El Invencible” que es de alguna forma como se muestra Apu en esta entrega ya que aunque presenta numerosos obstáculos, nunca abandona su camino. Además, mientras que al final de la primera entrega Apu tiene a sus padres en el camino a ninguna parte, en la segunda entrega, Apu se encuentra solo.

La imagen clásica del héroe trágico y su camino que explica Campbell en su obra, “El héroe de las mil caras”. 

Desde el comienzo Ray nos muestra una parte de la India diametralmente opuesta. Mientras que en Pather Panchali se centraba en la naturaleza y su triste entorno, en Aparajito se nos muestra una ciudad llena de vida desde el inicio, con numerosos detalles y personajes aunque solo se vean durante una breve escena, como el deportista que entrena junto al mar.

Tras unos diecisiete minutos de metraje, podemos observar uno de los mayores saltos narrativos de la trilogía cuando tras la muerte de su padre y tras haber vuelto a la India rural, Apu es ya un adolescente que decide centrarse en sus estudios.

Una gran parte de la vida de Apu es un reflejo autobiográfico de las experiencias de Satyajit Ray. Cuando Apu recibe una beca para estudiar en la universidad en Calcuta, este ha de trabajar en una imprenta. Ray, durante su infancia, vivía arriba de la imprenta de su abuelo.

Una vez más el film se presenta como una descarada mirada a la vida, llena de pureza y sinceridad. Nos lleva a lugares donde no deberíamos estar, y nos hace disfrutar en ellos. 

La segunda entrega nos aporta de nuevo, todo lo bueno de la primera. Cada fotograma se asemeja a un cuadro trágico y hermoso. En ciertos aspectos llega a ser incluso más dramática que Pather Panchali porque la tristeza recorre el porvenir de los personajes, de una manera más lenta y sufrida.

El único momento en que la madre de Apu sonríe, es cuando este viene a visitarla, pero por desgracia, esto no sucede a menudo. Sin embargo, en una ocasión, Apu pierde su tren, de manera deliberada, para poder estar más tiempo con su madre. Una de las escenas más formidables del film.

Como en muchas otras películas. El tren tiene una importante connotación en cada film de esta trilogía. Representa la modernidad, por ejemplo, cuando Apu y su hermana van a ver el tren pasar. También representa la incertidumbre, o es usado como nexo que une dos puntos en la historia. 

Quizás una de las principales diferencias con la primera entrega sea que mientras en Pather Panchali (1955), las formas y el estilo exhiben una mayor importancia que la historia, en Aparajito (1956) se intensifica considerablemente la relevancia de la narrativa resultando en una obra menos artística pero más fluida y accesible. 

La segunda película de Ray, es su segunda obra maestra.

Ambas son hermosas y atemporales por ser un sublime retrato de vida y emociones humanas. Sin embargo, un énfasis en la infancia y naturaleza, más dominante en la primera entrega, consiguen hacer de esta la que un mayor impacto me causa. 

Dado que hablamos de emociones, se trata de algo meramente subjetivo. 

Lo que resulta difícil de negar, es la grandeza y maestría de ambas obras.

Fue esto lo que llevó a Satyajit Ray a llevar a cabo la última entrega de la trilogía, tres años después. Apu Sansar (1959).

En un giro de acontecimientos del destino fatal al que Apu parece estar sometido, se ve forzado a contraer matrimonio de manera repentina. Apu vive con su esposa y cuando están juntos, el espectador tiene la constante sensación de que están envueltos en felicidad en todos los aspectos de su relación. Pese a la ausencia de muestras de afecto explícitas las cuales permanencias prohibidas por la censura. La química entre la pareja es palpable en cada uno de los movimientos de cámara. 

Sin embargo, si algo hemos aprendido a lo largo de la trilogía, es que Apu, no se veía en absoluto favorecido por la fortuna, y su esposa fallece. Esto determina un cenit del desarrollo de Apu como personaje, su mayor pérdida, a partir de este momento se nos muestra fracturado por completo, descompuesto en su interior y superficie. 

Encabezadas por el célebre Soumitra Chatterjee, las actuaciones en la tercera y última entrega, son probablemente las mejores de la trilogía. 

Gracias a Soumitra Chatterjee y a un guión minuciosamente elaborado, el personaje de Apu se desarrolla, en la entrega final, como nunca antes lo había hecho con ningún otro actor de los que lo han encarnado.

El círculo y la trilogía, se cierran de una manera perfecta con este film. Después de todas las vivencias, experiencias y acontecimientos que Satyajit Ray nos cuenta en la vida de Apu, el personaje muestra una coherencia y desarrollo a lo largo de todas las películas envidiables para cualquier cineasta. 

Asimismo, la habilidad de Ray para contar tanto con tan pocas palabras está al alcance de muy pocos. Hay varias escenas sin apenas diálogos en las que somos capaces de rendirnos incondicionalmente ante la historia, la atmósfera y lo que es más importante, las emociones de los personajes.

La escena en la que Apu camina con su amigo hablando sobre su novela, es una de las más hermosas y mejor grabadas escenas de la trilogía de Apu y probablemente de cualquier otra. 

Es un plano largo y continuo que solo se corta en un primer plano del rostro de Apu en el cenit de la conversación, entonces es cuando la escena se vuelve realmente fascinante. Apu habla de escribir una novela sobre un joven que crece en una aldea pobre en Bangladesh. Evidentemente, nos habla de su propia vida. 

Mientras tanto, en este primer plano, también podemos escuchar el tema de flauta de Apu. Un momento mágico. 

Otro momento mágico que nos muestra que la vida va más allá del arte es aquel precioso plano en el que Apu se deshace de su novela. 

Finalmente, Satyajit Ray pone el broche final a la obra maestra que es su trilogía con otro plano perfecto, Apu con su hijo sobre sus hombros.

Por primera vez en la trilogía, Apu camina hacia nosotros. En Pather Panchali y en Aparajito, Apu se alejaba hacia la incertidumbre de su porvenir. En Apu Sansar, puede que el camino también sea desconocido, pero Apu está determinado a caminarlo, y es feliz, la vida continua. 

Quizás sean estas las razones por las que Akira Kurosawa dijo lo siguiente sobre Satjajit Ray: “No haber visto ninguna película de Ray, es como haber vivido en este mundo sin haber nunca contemplado la luna o el sol”.

Pablo Biedma


Publicado

en

,

por

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *