Sobre el tercer acto (II)

«Cabalgando en solitario» (1959) dir. Budd Boetticher

La película teje una serie de acontecimientos que, desde el inicio, impulsan la interacción de sus personajes, buscando que este contacto se produzca rápida y profundamente. Para ello, las acciones hostiles son, una vez se ha presentado el drama, pospuestas hasta el último término, pese a que la historia se sitúa en un marco de violencia propio de Peckinpah. Precisamente se aleja de este estilo en cuanto a la
visibilidad, y la forma, con la que estos actos son acogidos y tratados formalmente. Mantiene los códigos del Western clásico a través de escaramuzas, escasas, distribuidas en la narración para crear diferentes efectos.  Según Martin Scorsese, gran aficionado a la película; “Los arquetipos del género eran destilados hasta el punto de la abstracción”. Esto concuerda con la articulación, o más bien disposición, de la propia estructura dramática de la película, un río de violencia que actúa tanto precediendo a los hechos como sucediendo en paralelo. Disponiendo a los personajes sobre un cerco aparentemente baldío, donde se requieren más elementos que colaboren en su creación. Justamente es la intención con la que obran Boetticher y Kennedy, mostrando arquetipos exagerados al comienzo de la obra para otorgarles profundidad conforme esta avanza. Revelando sus caracteres dentro de una aparente
cotidianeidad, que determinada sobre un elaborado trasfondo, revelará en el momento justo la esencia de cada uno.

Finalmente, sus evasiones al combate y la propuesta diálogo frente a contienda, termina diluyendo sus fortísimos dos primeros tercios para concluir en un tercer acto sopesado pero insatisfactorio. Cuando determinados personajes inician su interacción en la película de un modo más profundo o se revelan hechos importantes para comprender las motivaciones de los mismos, todo ocurre de forma atropellada, aún más teniendo en cuenta la insuficiente relación que existe en el grupo desde el comienzo. Tras la propuesta inicial, donde se busca un desarrollo a partir del colectivo, en el que cada uno parece dispuesto a llevar sus propósitos hasta las últimas consecuencias, resulta insatisfactorio ver como las semillas plantadas a lo largo del trayecto que sugerían un enfrentamiento climático, sean sustituidas por un amistoso final. Además de la resolución del conflicto general, la aceleración con la que tiene lugar el tercer acto, reduce la importancia del personaje de Karen Steele. Seguramente el lastre principal que acompaña a la conclusión, un personaje tan prometedor y del que se llevan creando
expectativas desde su entrada, adolece precisamente en el punto más esencial, el desenlace.

Pedro Fuertes


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