La Voz del Noir

Los diálogos de Chandler o Hammet son una seña de las novelas hard-boiled, plagados de comentarios inteligentes, dobles sentidos e incluso fuerte carga poética, el conjunto se impregna por la suciedad del ecosistema que los pervierte. Como elemento crucial de la novela negra, su transmutación al cine fue vital cuando estas se tomaron como punto de partida para crear el género noir. El impacto de los parlamentos crece con las descripciones de los personajes que los acometen, tales como Marlow, Dinah Brand o Taler alias “Susurro”, desde brillantes detectives hasta rudos traficantes, el imaginario visual estaba creado, el paso al cine sería una cuestión de ingenio y oportunidad.

La estética tuvo su origen en la Europa de los años 30, las historias, cuando no germinaban de las novelas acudían a través de los titulares de prensa. Los hirsutos retratos de personajes como Al Capone, deidades del crimen a los que ninguna ley, humana o divina parecía afectar, fueron provistos de humanidad conforme sus relatos en los periódicos iban topándose con un fin, el cine se haría cargo de resumir tantos años de titulares en noventa minutos.

Por tanto, las fuentes estaban completas, el género se encontró con su cima literaria, publicaciones como Black Mash o la Escuela Ashcan y la ley seca había traído consigo nuevas historias que contar, aún cuando era suficiente, ambas actividades se desarrollaban en paralelo a la producción cinematográfica. Con el tiempo, la vanguardia europea llegó a América, con su ayuda se cimentaron las bases del cine noir, que se iniciaría en los cuarenta.

Uno de los componentes que aportó el cine de una forma más palpable es la voz, el cine de gánster primigenio, salvo excepciones como la trilogía muda de Strengberg, estaba ya dotado de sonido. Las voces de las novelas dieron el paso para convertirse en elementos cruciales de la iconografía noir, estableciéndose de forma natural como un arquetipo preestablecido, el mismo James Cagney, protagonista de “El enemigo público” (1931, obra clave, emula el timbre ronco y profundo de un gánster en “G-Men contra el imperio del crimen” (1935) para intentar engañar a un mafioso por teléfono, actuando casi como recurso cómico. Algo similar sucede en el clásico de Richard Fleischer “Testigo accidental” (1952), en este caso son los gánster los que imitan a la policía, aclarando su dicción.

Cierto es que al Gánster no se le engaña como al policía, lo claro es el imaginario que estaba creado. Entre estas dos producciones, cuando se estrenó “El sueño eterno” (1946), Howard Hawks empleó un proceso de preparación bastante discutible para lograr el timbre de Lauren Bacall, quién era conducida a un local cercano a la autovía para sus ensayos, la intención del ejercicio era que Bacall impusiera su torrente de voz frente al estruendo de los coches, de esa forma, buscaba agravar la voz del personaje.

Los arquetipos, las atmósferas y las historias habían sido creados por la literatura, en ocasiones, con ayuda de la prensa y la propia realidad, como sucedió con la novela “El cartero llama dos veces”, todo quedo plasmado en el cine, que recreó las tinieblas para disfrutarlas en la oscuridad.

Pedro Fuertes


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